1. Meghadûta. Kalidasa

    Es preferible rogar a un hombre noble aun sin ser atendido que a un villano por más que cumpla tu deseo.

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  2. Hiperión. Friedrich Hölderlin

    […] sólo me resultaba triste ver que la gente creía que yo no rechazaba sus bufonadas porque las tenía en alto aprecio como ellos mismos. No quería someterme a todas sus necesidades, pero trataba sólo de evitarlas cuando podía. “¡Al fin y al cabo son su alegría”, pensaba, “y viven de ellas!”
    Incluso llegaba a menudo a participar, a colaborar, y aunque permaneciera entre ellos indiferente, desprovisto de todo entusiasmo, nadie lo notaba, nadie echaba nada en falta, y si les hubiera dicho que me disculparan se hubieran quedado parados, se abrían admirado de mis palabras y hubieran preguntado: ¿pero que nos has hecho?… ¡Qué delicados!

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  3. Francis Picabia

    Francis Picabia

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  4. Francis Picabia

    Francis Picabia

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  5. Francis Picabia

    Francis Picabia

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  6. Francis Picabia

    Francis Picabia

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  7. Poesías. Lautréamont

    Los sentimientos lloran cuando lo necesitan, como cuando no lo necesitan. El análisis de los sentimientos no llora. Posee una sensibilidad latente, que toma por sorpresa, transporta por sobre las miserias, enseña a prescindir de guía, brinda un arma de combate. ¡Los sentimientos, señal de debilidad, no son el sentimiento! El análisis de los sentimientos, señal de fuerza, engendra los sentimientos más magníficos que yo conozca.

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  8. cabinporn:

Ice fishing shack on Lake of Two Mountains, Québec.
Submitted by Marieke Baars.

    cabinporn:

    Ice fishing shack on Lake of Two Mountains, Québec.

    Submitted by Marieke Baars.

    1 month ago  /  1,389 notes  /  Source: cabinporn

  9. Alegato de un loco. August Strindberg

    Me acusa de frialdad y le demuestro ostensiblemente lo contrario. Pero entonces se lamenta de mi sensualidad. Lo que necesita es la adoración, el incienso ardiendo, las oraciones.
    Se declara una violenta crisis y, en un nuevo ataque de histeria, sostiene que ya no la amo - ¡pronto empezamos!…
    Transcurre una hora entre susurros y adulaciones. Vuelve a entrar en razón, pero no se repone totalmente hasta haberme desesperado hasta las lágrimas.

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  10. Inferno. August Strindberg

    Vivía en Baviera, con mi primera mujer y mis hijos, cuando una carta de un amigo de juventud me invitó a pasar un año en su casa, acompañado de mis hijos. No hablaba de mi esposa.

    El carácter de esta carta despertó mis sospechas, motivadas por lo forzado del estilo, tachaduras y correcciones que revelaban que su autor había dudado a la hora de escoger sus razones. Olfateando una trampa, decliné la oferta en términos amables y vagos.

    Al cabo de dos años, ya divorciado por primera vez me invité yo mismo a casa de mi amigo, que vivía en una isla del Báltico como jefe de aduanas.
    Su acogida es cordial, pero hay una atmósfera de mentiras y equívocos, una conversación de comisario de policía. Tras una noche de cavilaciones, pongo la cosa en claro. Este hombre, cuyo amor propio había herido en una de mis novelas, está resentido pese a la simpatía que siente por mí. Déspota sin parar, quiere tantear mi destino, domar mi espíritu, subyugarme y, con ello, probarme su superioridad.

    Sin demasiado rigor en la elección de los medios, me tortura durante una semana, me envenena con calumnias, con fábulas inventadas expresamente, pero es tan inhábil que me convence de que la trampa tendida antaño tenía como finalidad hacerme pasar por loco y encerrarme.
    (…)

    Al día siguiente, nuevas confidencias: me entero entonces que su hermano está confinado en el campo, por loco.

    Me pregunto: “¿Será por esta razón, para vengarse de su destino, que quiere verme encerrado?”

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